De la tierra
a tu mano

Ocho pasos, de una semilla de menos de un milímetro a la anilla que firma cada puro.

01

La semilla y la flor

Una semilla de tabaco mide menos de un milímetro: en una cucharadita caben miles. Se siembra en semillero y, a las pocas semanas, la plántula pasa a la vega. Cuando la planta echa sus racimos de flores rosas (Nicotiana tabacum), el agricultor las corta, es el desflore, para que la planta mande su fuerza a las hojas y no a la semilla.

Flores rosas de tabaco en la planta
02

La hoja

No todas las hojas dan lo mismo. Las de abajo, el volado, arden parejo y sostienen la combustión; las del centro, el seco, aportan aroma y sabor; las de arriba, el ligero, cerca de la corona, reciben más sol y dan fuerza. La ligada mezcla las tres.

Hoja verde de tabaco con sus nervaduras
03

La cosecha

La cosecha es a mano y por pisos: primero se cortan las hojas de la base, semanas después las del centro y al final las de la corona, cada una en su punto. Un agricultor reconoce la madurez por el color, el grosor y hasta por el sonido de la hoja al doblarla.

Agricultores cosechando hojas de tabaco a mano
04

El curado

Las hojas cuelgan en la casa de curado, en Veracruz de caña y palma, durante 40 a 60 días. Poco a poco pasan de verde a dorado y a café, mientras el curador abre y cierra ventanas para controlar la humedad: ni muy rápido, ni muy lento.

Hojas de tabaco colgadas en la casa de curado, doradas
05

Fermentación y añejamiento

Las hojas curadas se apilan en pilones que generan su propio calor; se voltean para parejar y soltar el amargor. Después reposan, ordenadas y selladas, 18 meses. Es la etapa más larga y la que más se nota en la copa de humo.

Hojas de tabaco secas apiladas en pilón
06

El torcido

Una artesana alisa la hoja, arma la tripa con las tres alturas, la envuelve con el capote y la viste con la capa, cortada con chaveta y pegada con goma vegetal. Cada puro pasa por sus manos y no sale hasta que ella lo aprueba.

Artesana torciendo puros a mano
07

La caja y el aparador

Cada Reserva Origen recibe su anilla a mano, en marfil, oro y vino, y reposa en cedro, que iguala la humedad y suma aroma. De ahí a la caja numerada y al aparador: puro por puro, sin atajos.

La anilla de Barrocaña de cerca: papel hueso, monograma y ornamentos en oro
08

En tu mano

Cortar, encender, saborear y reposar: el ritual para el que existe todo lo anterior. Una Reserva Origen se disfruta sin prisa, unos 50 minutos, con un café de Coatepec o un buen whisky.

Ir a la boutique → Vivir la experiencia →

Hombre encendiendo un puro con un encendedor
Pedir por WhatsApp